Una juventud que participa distinto | Columna en El Llanquihue
La caricatura de una supuesta generación de cristal conformada por jóvenes hipersensibles, con baja tolerancia a la frustración y escasa capacidad de diálogo, nos ha impedido comprender que las juventudes no son necesariamente indiferentes ni individualistas, sino que han cambiado las formas en que participan de la sociedad.
A la luz de diagnósticos recientes, como la Encuesta Nacional de las Juventudes en su onceava versión, resulta necesario volver a mirar a los jóvenes y preguntarnos cómo han transitado la última década. Si nos detenemos en el plano político y social, la respuesta es reveladora: hoy muestran un interés creciente por la política, se sienten más identificados con ella y conversan más sobre estos temas que antes.
No obstante, este interés no se traduce en una mayor participación en partidos políticos ni en militancia formal, lo que suele interpretarse, de manera apresurada, como apatía. En realidad, el problema no es la falta de compromiso, sino nuestra dificultad para reconocer y valorar sus nuevas formas de participación. Según esta encuesta, hoy, la mayoría de los jóvenes participa en organizaciones sociales, muchos ejercen roles de liderazgo y se involucran activamente en voluntariados y campañas solidarias. Causas como el cuidado del medioambiente, la equidad de género o la justicia social movilizan a miles de jóvenes que buscan resultados tangibles. No se trata, entonces, de un menor compromiso, sino de un compromiso distinto: más horizontal, más concreto y menos atado a estructuras tradicionales.
El desafío está en cómo respondemos como sociedad a esta realidad. Si queremos que los jóvenes participen más y mejor, debemos generar espacios significativos, donde su opinión sea escuchada y exista confianza para expresarse. ¿Cuántos jóvenes callan hoy no por desinterés, sino por temor a la exposición o a la cancelación? En países como Finlandia, Alemania o Nueva Zelanda, la participación juvenil es una práctica institucionalizada, con educación cívica conectada con la vida cotidiana y mecanismos, presenciales y digitales, que permiten a los jóvenes incidir.
Involucrar a los jóvenes hoy no es un gesto simbólico ni una concesión generacional: es una inversión democrática. Es permitir que se formen, se equivoquen, dialoguen y aprendan desde temprano, porque son ellos quienes tomarán la posta y decidirán el futuro del país. Espacios donde disentir no implique ser excluido, donde el diálogo sea posible y donde la participación no sea solo una invitación, sino una experiencia real, formativa y transformadora.
Gracia Cox, directora regional de IdeaPaís Los Lagos.